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"Ve-Hejazakta Bo" - Parashá Behar y la Era del UBI - מחשבת ישראל | צוות תורת הקוד
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"Ve-Hejazakta Bo" - Parashá Behar y la Era del UBI

Cuando la Torá se adelantó al Silicon Valley por dos mil años: la parashá Behar y el principio del UBI — prevenir la caída es infinitamente mejor que levantar al caído.

צוות תורת הקוד5 במאי 20267 min de lectura

Cuando la Torá se adelantó al Silicon Valley por dos mil años

En 2025, el Wall Street Journal publicó una encuesta alarmante: solo el 20% de los trabajadores afirmó sentirse seguro de su capacidad para encontrar empleo. Ese mismo año, grandes empresas tecnológicas despidieron a miles de trabajadores de cuello blanco, y los modelos de IA comenzaron a realizar tareas que se consideraban exclusivamente humanas. La pregunta que surge en cada conferencia tecnológica, en cada pódcast económico y en boca de casi todos los líderes de Silicon Valley es: ¿qué pasará con todas las personas que se quedan atrás?

La solución que se propone una y otra vez es el UBI (Universal Basic Income) — Ingreso Básico Universal: todos los miembros de la población reciben un ingreso mínimo fijo, sin condiciones laborales ni comprobación de recursos. Musk, Altman, Hoffman — todos hablan de ello. Pero antes de sumergirnos en el debate económico moderno, vale la pena detenerse y preguntarse: ¿es esta idea realmente nueva?

La parashá Behar ofrece una respuesta sorprendente.

"No lo dejes caer y desplomarse"

En el corazón de la parashá Behar encontramos un versículo que parece sencillo pero es profundísimo:

"Ve-ji yamuj ajijá u-mata yado imaj — ve-hejazakta bo" (Levítico 25:35)

Rashi, siguiendo el Sifra, lo interpreta con precisión tajante: "No lo dejes caer y desplomarse hasta que sea difícil levantarlo, sino sostenlo desde el momento en que su mano flaquea. ¿A qué se asemeja esto? A la carga sobre el asno — mientras aún está sobre el asno, uno lo agarra y lo sostiene; pero si ha caído al suelo, cinco personas no pueden levantarlo."

Este es un principio filosófico revolucionario. La Torá no dijo "levanta al hermano que cayó" — dijo "sostén": agarra su mano antes de la caída. La mejor ayuda es preventiva, no reactiva. No caridad a posteriori, sino una red de seguridad construida de antemano.

"Ve-Hejazakta Bo" — no compasión, sino mecanismo

El Jafetz Jaím explica el mandamiento: "Que se esfuerce con todo lo que esté en su poder en sostener a su prójimo para que no se tambalee por su pobreza... Dichoso el que entiende al pobre — ¿por qué no dice 'dichoso el que da al pobre'? Porque el significado es comprender la aflicción del pobre y su humillación, para ver si puede en algo levantarlo de su miseria."

"Mishkil el dal" — comprender, analizar, identificar el punto de temblor antes de que llegue la caída. Esto es inteligencia social, no sentimentalismo.

Y hay aquí una innovación adicional: sostenlo mediante un préstamo, o dale una fuente de sustento, y no lo dejes caer para necesitar caridad. El objetivo no es convertirlo en dependiente de la generosidad ajena, sino mantenerlo independiente. No dependencia — fuerza propia.

¿Y qué dice el Maguid de Dubno?

El Maguid de Dubno explica por qué la Torá colocó este versículo junto a los mandamientos del año sabático (shemitá): en la shemitá, el ser humano arraiga en su corazón la fe y la confianza en el Creador. Por ello existe el temor de que cuando venga el pobre a pedir apoyo, le responda que confíe en Dios. Y por eso dice la Torá "ve-hejazakta bo" — la virtud de la confianza es para uno mismo únicamente, pero cuando tu hermano está en apuros, no te apoyes en la confianza sino sostenlo tú.

En otras palabras: la fe personal no es excusa para la irresponsabilidad social. "Dios ayudará" no es una política pública.

De vuelta al 2026: ¿quién está cayendo?

La automatización es una de las preocupaciones centrales en las sociedades modernas, debido a su amplio impacto en los ingresos, el empleo y la productividad. Pero el problema más profundo no es solo económico. Quien pierde su empleo pierde también su identidad, su estructura, su sentido de valor. Está "en apuros" — no solo económicamente sino también en el alma.

Una de las justificaciones centrales del UBI es la creencia de que la automatización podría provocar desempleo tecnológico y un mundo con menos trabajos remunerados. Ya en 2017, Elon Musk afirmó en la Conferencia Mundial de Gobiernos que la IA y los robots eliminarán gradualmente ciertos tipos de empleos, y por ello "algún tipo de ingreso básico es necesario."

Pero aquí la parashá Behar es más precisa que todo discurso tecnológico: el UBI tal como se propone hoy es mayormente reactivo — se da dinero después de que ya ocurrió la crisis, después de que el puesto ya desapareció. La parashá exige un mecanismo preventivo: "ve-hejazakta bo" — antes de que la mano caiga.

La diferencia que lo cambia todo

Se cuenta que Biniamin el Justo no solo dio dinero a una mujer pobre, sino que le proporcionó los medios para que pudiera seguir generando ingresos. Dijeron los ángeles ministros que "había dado vida a una mujer y a sus siete hijos" — una dádiva puntual ayuda por poco tiempo, pero la ayuda que permite una acción sostenida recibe el nombre de "vida."

Este es el matiz que falta en la mayoría del debate sobre el UBI: no se trata solo de una suma de dinero mensual. Se trata de preservar la dignidad, la independencia, la capacidad del ser humano de no sentir que "ha caído al suelo" y que "cinco personas no pueden levantarlo."

Un UBI verdadero, según el principio de "ve-hejazakta bo", no es caridad ni vergüenza. Es una condición fundamental para una sociedad que reconoce que el trabajo humano, en la era de la automatización, no debe medirse únicamente por su capacidad de competir con una máquina.

Conclusión

La parashá Behar, escrita en el monte Sinaí, no sabía nada sobre la inteligencia artificial. Pero sí sabía algo que todavía nos cuesta aceptar: que prevenir la caída es infinitamente mejor que levantar al caído. Que una red de seguridad social no es una debilidad de la sociedad — es su columna vertebral.

"Ve-hejazakta bo" — tres palabras que dos mil años después, en una era de revolución tecnológica sin precedentes, suenan tan nítidas y relevantes como el día en que fueron pronunciadas en el monte Sinaí.

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